La verdad es que he de reconocer que sufrí un breve episodio de procastinación al empezar esta sección. Aprovechando el estreno de La Tribu hablamos de cine y baile, un tema que me apasiona, y si a esto, le añadimos la enorme biblioteca gráfica que tiene Youtube sobre el tema, pues… nos perdemos.

Realmente no me ha costado tanto, porque a diferencia de otros géneros este lo tengo controlado como buena friki del tema que soy. He de confesar que he recibido clases de muchos estilos diferentes y extraños de baile y por eso mis gustos pueden despuntarse de los del imaginario colectivo. Siempre he sido una apasionada del claqué, lo considero uno de los estilos más complicados que existen en el mundo, y de hecho intenté aprenderlo durante un año, hasta que conseguí hacer el “punta, punta, punta” de la Pequeña Vicky (hay que ser muy friki de los Simpsons).

Pero ¿qué largometraje despertó en mí ese amor a este arte tan peculiar? Podría considerarla dentro de mi top tres de películas favoritas y aunque gira en torno al Ballet tiene un par de números de Claqué espectaculares. Dicen tacos y en su trasfondo trata la lucha obrera de los mineros británicos durante la época Tatcher. Pocas personas no sabrán todavía que hablo del gran Billy Elliot.

Si seguimos con el claqué la lista es muy larga, pero podría decirse que la eminencia en este estilo y del que grandes películas como Lalaland o The Artist se han acabado inspirando es Fred Astaire cuando bailaba junto a Ginger Rogers, aunque en mi película favorita, Bailando nace el amor, lo hace con Rita Hayworth, otro icono del baile con un sutil toque de erotismo. Nos despedimos del claqué no sin antes mencionar clásicos como Sombrero de copa, Cotton club y la adorable Happy feet, por supuesto.

Si pensamos en Ballet y cine es inevitable que reaparezca la prestigiosa psicología de Aronofsky cuando creó El cisne negro. En mi caso, nos es Natalie Portman la que se aparece, es Moira Shearer, la protagonista de Las zapatillas rojas, clásico indiscutible del cine basado en el cuento de Christian Andersen. Para mí tiene un significado muy especial, porque me la regaló mi abuelo en un cumpleaños hace ya mucho mucho tiempo junto a otros tres clásicos, y me dijo que para él había sido muy especial. Si veis algún fragmento por internet os daréis cuenta de que no es la típica película que recomendaría un abuelo. Un filme británico del 48 en el que una joven bailarina es cortejada por dos hombres, un compositor y un importante empresario. La trama comienza cuando un tendero le vende a la muchacha un par de zapatillas rojas de ballet con las que no puede parar de bailar, hecho que culminará con su trágica muerte.

Stop dramas. Hablemos de otros estilos. Obviamente los musicales merecen una sección aparte (¿y ya existe?). Así que nos los saltamos. Pero qué me decís del tango, un baile que rebosa sensualidad en cada arpegio. Sobre Carlos Gardel debe haber un sinfín, y en Argentina me matan si digo estos dos ejemplos, pero son las que más importancia han tenido en nuestro país. Una es Déjate llevar, protagonizada por Antonio Banderas, y la otra es un fragmento de Esencia de mujer en el que Al Pacino hace un papelón como invidente bailando “Por una cabeza”, el tango más conocido del mundo, en medio de un restaurante.

El funky, baile moderno, hip-hop o eso que bailaba yo, llamado Gym-Jazz, tuvo su auge cuando nuestra quinta ni llegaba a los dieciséis años, pero no veáis el melocotonazo, como diría el Fary, que fue. Sacaron unas mil secuelas de Step-up, Espera al último baile, Honey, Fama… y demás mamarrachadas, que todas las niñas veíamos en las fiestas de pijamas.  Si bien la música disco me encanta, me flipa, la adoro, no he encontrado ni una película que me haya marcado especialmente, ni Fiebre de sábado noche (sobrevalorada) ni Flashdance (sobrevalorada). No de disco pero sobrevalorada también Dirty Dancing, la segunda parte le da mil vueltas.

También bailé unos tres años aquello que los occidentales llaman “Danza oriental”, que incluye muchos estilos diferentes y abarca varios países, pero aquí como catetos que somos no diferenciamos, o le ponemos “Danza del vientre” como si sólo se bailara con esa parte del cuerpo. Pocas he encontrado aparte de la libanesa Safar Barlik. Si alguien conoce alguna que merezca  la pena, será bienvenido en las redes sociales. La película Cabaret es un género en sí mismo y merece una mención especial, junto con el erotismo de Gilda y la danza final de Zorba el griego.

Creo que habiendo pasado ya los estilos más importantes voy a terminar hablando sobre películas centradas en mi baile favorito y el que más practico actualmente, el baile friki. No me podía ir sin mencionar a la Pequeña Miss Sunshine, porque Sonia me despide. Entrarían también en este nuevo no estilo, Jane Fonda en la tétrica Danzad, danzad malditos, Richard Gere aprendiendo a bailar de pena en Shall we dance o la alcamada Full Monty. Pero el premio se lo llevaría Napoleon Dynamite por esos dos minutos de largometraje en los que nos deleita con un baile de cosecha muy propia.