La película de la que hablamos en esta Cata del Cine se podría definir con una palabra pero quizás es más correcto empezar argumentando por qué. Al fin y al cabo nos encontramos ante un argumento que defiende que para que una teoría sea tomada como verdad, uno debe ofrecer argumentos y pruebas.  La película que analizamos hoy en nuestra sección de la crítica es: Negación.

El planteamiento es atractivo, sobre todo para aquellos los que nos gusta ver cómo algún loco se le ocurre negar hechos históricos. Y esa es la base de la que partimos. Nos encontramos en 1994. Una reconocida historiadora norteamericana llamada Deborah Lipstadt acusó a determinados periodistas e historiadores de negacionistas en su libro “La Negación del Holocausto”, fue denunciada por el negacionista británico David Irving, un famoso periodista e historiador admirador de Hitler. Ambos entrarían en un proceso judicial en 1996 en el que él le denunciaba a ella por difamación. Con el reto de derrotar a Irving, Deborah se apoyará en expertos en el ámbito académico. Con esta premisa ¿Qué podría salir mal?

La protagonista está demasiado sobreactuada. Llega un punto en el que tristemente empiezas a cogerle la misma o incluso más manía al propio David Irving porque su actuación denota que está más preocupada por defender su honor personal que por defender la historia. Y es que, efectivamente, si uno no es capaz de debatir sobre un tema y mostrar argumentos a favor, su palabra no tiene validez.

La historia nos la sabemos y si no la sabemos se puede buscar en Wikipedia pero si la comparamos con otras películas basadas en una investigación de un caso en el que los protagonistas ansían demostrar la verdad, como por ejemplo en Spotlight, observamos el claro fallo de Negación. No tiene ritmo y llegados a este punto sería interesante hablarlo con un historiador, por ejemplo nuestra amiga Mariajo que nos escucha siempre. ¿Puede ser una cuestión de que se trate de una película hecha para historiadores? Con esto quiero decir que quizá la propia historia de la protagonista ya la conocemos si somos historiadores  por tanto no es necesario contarla. Por el contrario, yo, como espectadora ajena al mundo de la teoría histórica, lo necesito para aportar más peso a la historia.

Es una película carente de cuerpo, se detiene demasiado en aspectos poco relevantes como que al abogado le gusta esta o la otra marca de vino o que el perro de la protagonista sale a correr con ella. Sin contextualizarnos al personaje. En películas como Spotlight empatizas, te apetece que gane y defienda la verdad, aquí no te acercas al personaje, más bien te crispa los nervios.

Y no sé si es conclusión personal pero cuando uno acude a ver esta película va a verla por el tema del holocausto, por el tema de probar la verdad sobre lo que ocurrió con los judíos. Pero a medida que avanza la cinta nos vamos dando cuenta de que al final es una lucha entre un historiador y otro, no se trata ya de demostrar la historia sino de demostrar que los negacionistas están locos. Sobre todo porque si se supone que estamos buscando la verdad ¿Qué sentido tiene que la protagonista le mienta a una de las víctimas?

Eso sí, no todo va a ser malo. En Negación encontramos cosas interesantes como la necesidad de resaltar la fuerza de los hechos y lo contradictorio. Además de ridiculizar lo arcaico del sistema judicial inglés con sus pelucas y sus reverencias. Un teatro que además se  construye de argumentos paradójicos como que el que denuncia obliga al denunciado a demostrar su inocencia en un tribunal.

Quizá por este tipo de cosas  la película fue nominada en los Premios BAFTA en la categoría de mejor película. Por esto y porque cumple con esto que nos encanta resaltar en este programa. El poder premonitorio que tiene el cine. Resulta que justo esta semana  la ONU ha publicado unos archivos sobre el Holocausto que según ellos “reescribirán capítulos de la historia”. Los archivos utilizados para llevar a juicio a los nazis contienen pruebas sobre los campos de concentración que nunca antes se habían hecho públicas. Los historiadores creen que estos archivos van a servir también para que aquellos que niegan el Holocausto nazi lo tengan todavía más difícil.

Y ya, sólo por esa conexión con la actualidad no todo es tan malo. También se agradece que se sigan haciendo bandas sonoras orquestadas como la que escuchamos de fondo durante esta crítica. La partitura pertenece a  Howard Shore que ha firmado títulos como El Señor de los Anillos o El Silencio de los Corderos…y casualmente…¡Spotlight!

Además, aunque la película no suponga nada trascendental en nuestras vidas, sí que introduce un elemento que podría llegar a serlo. Se trata del famoso Autchvich, ese gran polígono que nunca fue diseñado para las atrocidades que luego viviría y que ha sido escenario de numerosas películas. Pues bien, en esta película lo vemos como lo que realmente es, un sitio silencioso, con aura de desolación. Un sitio complicado y a la vez bello, un signo de historia y barbarie que todos deberíamos visitar alguna vez en la vida. Y eso no lo digo yo que no he estado. Me lo dijo un día un gran periodista llamado Pedro Simón con el que tuve el placer de  compartir “pupitre” como decía él. Me dijo que es un sitio donde tenía pensado llevar a su hijo cuando tuviera la edad suficiente como para ser consciente de lo que significaba. Y todavía lo recuerdo. Probablemente cuando vaya también lo recordaré.


Para escuchar el programa en directo, puedes hacerlo todos los Lunes de 18 a 19h a través de Tunein o si estás en Madrid sintonizando la frecuencia 107.5 FM.