Aquí en 16novenos no podíamos dejar que una película como The Florida Project pasara desapercibida y porque este tipo de cine me horroriza y me enamora a partes iguales.

Si pensamos en adolescentes y cine americano, al menos a nuestra generación lo primero que le viene a la cabeza es sexo, alcohol y fiestas de instituto. American Pie es el ejemplo más claro. Paralelamente a este tipo de películas, los yanquis vivieron su etapa de cine quinqui, que se mantiene hasta la actualidad y con más fuerza que antes.

Es un tipo de cine que retrata el verdadero sueño americano, es decir, el ausente sueño americano. Ese ideal frustrado que ha convertido al país en un estado social y culturalmente fallido. Donde la gran masa de la población además de cateta vive en una burbuja que poco a poco va explotando. Florida es un claro ejemplo de ello, es la meca de los grandes parques de atracciones, donde los niños sueñan con sus dibujos animados favoritos y los adultos se olvidan de sus frustraciones cotidianas. ¿Pero qué encontramos a su alrededor? Miseria, padres negligentes o directamente ausentes, moteles baratos, niños desprotegidos. Ahí es donde reside la verdadera esencia norteamericana, un sistema sin oportunidades, donde la violencia puede aparecer en cada esquina y donde la educación brilla por su ausencia. Un país de borregos que se creen dioses.

Menos mal que el cine nos muestra esta realidad de una forma muy poco ficcionada. Prima mostrar la situación tal cual, dejando a un lado sensacionalismos o guiones elaborados. Retrata el mundo de las drogas y la delincuencia juvenil, el mundo de los jóvenes alienados y apáticos que buscan evadirse del nihilismo y el desaliento en el que viven. Larry Clark siempre ha estado a la cabeza de este realismo sucio desde que en el 95 estrenara la perturbadora Kids, un largometraje sobre la propagación del VIH entre jóvenes que están comenzando a tener relaciones sexuales, más bien uno que lo tiene y no lo sabe y muchas otras que lo contraen por no usar preservativo.

Esta crudeza tan jodida, permitidme la expresión, me llegó a mí con 14 años cuando veía películas de portadas sugerentes a escondidas. Un día decidí poner Ken park, de este mismo director y sí, hay sexo explícito entre adolescentes pero mezcla todos los tópicos más perturbadores que existen, dándoles una vuelta de tuerca más si se puede.

Harmony Korine siguió la estela de Larry Clark con su debut cinematográfico gracias a Gummo. Poniendo al frente de la interpretación a adolescentes con algún tipo de discapacidad mental, malviviendo en casas que no deberían ni recibir ese apelativo, consumiendo estupefacientes. Historias que podrían recordar a los niños de la estación Leningradsky, el documental ruso, porque realmente ni están actuando ni son millonarios, son jóvenes que viven así y que se interpretan a ellos mismos.

Os recomiendo fervientemente indagar en este género porque realmente merece la pena. Igual empezar con una más ligerita como American honey, que habla de sexo, drogas y trap, y de jóvenes que se recorren Estados Unidos vendiendo suscripciones de revistas a domicilio. O Ghost World y Napoleon Dynamite que son adolescentes inadaptados pero adorables, trágicamente inteligentes, ácidos y muy graciosos. O ya si eso que os toquen el tema de refilón, un par de reflexiones vitales, pero acabar de ver la película sin traumatizaros los podéis hacer con Yo, él y Raquel, Las ventajas de ser un marginado, la gran Juno, y próximamente con Lady bird.


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