Hace unos programas hablábamos sobre el cine B, compuesto de películas sangrientas, cutres y a menudo de bajo presupuesto. La primera característica permite adscribirlo por lo general al género gore, pero de lo que no cabe duda por los otros dos rasgos es que la serie B pertenece al llamado cine cutre.

El cine cutre, también llamado a veces cine basura o trash, es probablemente más inocente que el cine B, ya que sus autores no solían ser conscientes de estar engendrando auténticas aberraciones, como le pasaba a Ed Wood. En algunos casos, las películas en cuestión incluso tuvieron un éxito moderado, como el Batman de Adam West o Street Fighter.

En realidad, más que el cine B, la mayoría de las películas de terror antiguas tienen ese toque kitsch que las hace irresistibles para los cinéfilos con síndrome de Diógenes. Y lo mismo sucede con las versiones antiguas de películas ahora famosas. En el documental de la Cutrecón Remake, Remix, Rip-off, por ejemplo, se profundiza en las prolíficas adaptaciones de bajo presupuesto ensayadas por el cine turco durante los 70 y 80. Gracias a ello, contamos con versiones increíbles de Superman, E. T., El exorcista, Rocky y Star Wars, por citar algunas.

Pero no todo son adaptaciones. En su infinita sabiduría, la historia del cine nos ha dado versiones originales de una calidad maravillosamente pésima. Así, si la primera Mulán, de 1939, o el primer Dragón rojo, del 86, pueden considerarse aceptables, las primeras películas que mostraron a Godzilla o King Kong nos obligan a elegir entre reír o llorar. Y ello por no mencionar cuando a países como Taiwán o Corea del Sur les da por hacer versiones no oficiales de Dragon Ball antes de existir siquiera una oficial.

Seguramente hayáis oído hablar de la creciente industria cinematográfica nigeriana, conocida como Nollywood y caracterizada tanto por su productividad como por su falta de recursos. Pues no es la única de este tipo. En la propia Nigeria está también Kannywood, en Gana tenemos Ghallywood y Kumawood, en Paquistán están Pollywood, Lollywood y Kariwood y en India, además de la ya conocida Bollywood, encontramos Dhaliwood, Dhollywood, Chhollywood, Tollywood, Kollywood, Mollywood, Jollywood, Ollywood y Sandalwood.

Podría seguir: Ruanda, Kenia, Tanzania, Uganda, Somalia, Zimbabue, Perú… Son muchos los países que han querido dar el salto a la historia cinematográfica y que nos están dando un cine deliciosamente cutre en el proceso. Pero que conste que no todo el cine cutre son necesariamente plagios chinos de mala calidad y películas de bajo presupuesto: como le sucedió a la serie B, el descubrimiento del nicho amante del género llevó a su progresiva incorporación al mercado y hoy en día pueden verse algunas producciones de cierto nivel con ese toquecito cutre que podría convertirlas algún día en cine de culto.


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