Aprovechando la señalada fecha —31 de octubre, día de Halloween— es un buen momento para adentrarse en las entrañas del Género Bizarro. Y que mejor forma de hacerlo que hablando de cine de serie B, un subgénero del terror caracterizado por producciones cutres, de bajo presupuesto e imposiblemente sangrientas. Bebe de clásicos literarios como Conan Doyle y Edgar Allan Poe, así como del gore japonés y el cine de Hitchcock, y ha influido claramente en el estilo de cineastas como Tim Burton y Quentin Tarantino e incluso en series infantiles como Ed, Edd & Eddy.

Aunque el cine B se remonta a los años 20, los nombres más conocidos datan de los años 40 y 50. Actores como Boris Karloff, Bela Lugosi, Vincent Price o, en España, Paul Naschy representan esta primera generación, recordada por títulos como El ladrón de cadáveres, La invasión de los ladrones de cuerpos o El pueblo de los malditos.

En los 60, el género se retuerce un punto más. De esta década son El hombre con rayos X en los ojos y las películas del infame Ed Wood, que quiso relanzar a la fama a viejas glorias como Lugosi o Maila Nurmi, más conocida como Vampira (aunque para los espectadores de Los Simpson siempre será Pechuguela).

Además, en esta época destacó la producción de numerosas obras espaciales, como la cuasipornográfica Barbarella o Los payasos asesinos del espacio exterior. Y si este título os hace gracia, que sepáis que en España tenemos una parodia de 2007 de este tipo de cine titulada El ataque del pene mutante del espacio.

Los 80 son precisamente el declive del género tal y como se conocía y el inicio de películas más autoconscientes, la mayoría de ellas parodias, como El ataque de los tomates asesinos o la saga Pesadilla en Elm Street. En retrospectiva, hasta películas que se tomaban el género del terror en serio, como Viernes 13, Posesión infernal o El amanecer de los muertos, nos parecen ahora tan cutres que es inevitable incluirlas en la categoría de cine B.

De entre los nombres de esta segunda generación destaco uno por sorprendente: Peter Jackson, el director de Criaturas celestiales, The Lovely Bones o El Señor de los Anillos y El hobbit, empezó precisamente en el género B. De su producción destaca Braindead, una película gore que, por no romperse la cabeza, en España se dejó con el título en inglés y el subtítulo “Tu madre se ha comido a mi perro”, probablemente la frase más famosa de la película.

A partir del siglo XXI, toda ingenuidad está perdida y ya no se puede hablar de un género puro. Con lo deliberamente bizarro como característica común, las películas de la tercera generación llevan nombres como Dead sushi, Sharknado u Ovejas asesinas

Entre lo más curioso del género, yo citaría los musicales, que, aunque no son exactamente cine B, sí suelen tener ese toque entre cutre y sangriento. Desde La tienda de los horrores, de Rick Moranis, hasta Repo! The Genetic Opera (una obra en la que Paris Hilton canta y se le cae la cara de vergüenza… literalmente), algunos títulos han conseguido el mérito de unir exitosamente terror (muy entre comillas) y musical.

De entre estos, uno de los más osados es la reciente Stage Fright, probablemente el único musical del género slasher, es decir, ese subgénero de películas de terror en las que un asesino en serie asesina brutalmente a adolescentes sin supervisión adulta. Una apuesta atrevida y un fracaso estrepitoso, pero, oye, se agradece el intento.

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