Una transformación radical acecha al sector del entretenimiento, que quiere jubilar para siempre el término “estrella de cine” para definir a los actores más exitosos del momento. Éstos ya no serán patrimonio exclusivo de las salas de exhibición, ahora las plataformas de streaming como Netflix quieren su custodia. Actores como Brad Pitt, Angelina Jolie y Jake Gyllenhaal estrenarán directamente en Internet.

El actor que está cambiando nuestra forma de entender la exhibición de películas no es otro que el cómico Adam Sandler. Él fue el primero en firmar un contrato de exclusividad con Netflix en 2014 mediante el cual sus siguientes películas se distribuirían solo en la plataforma. Así ha estrenado ya dos de sus películas. Masacradas por la crítica, tremendos éxitos de público. El actor acaba de firmar un nuevo acuerdo con Netflix para estrenar su última comedia y poder asegurarse así que su trabajo pueda ser disfrutado por más de 93 millones de suscriptores en 190 países. Palabras del propio actor que reniega del sistema tradicional de salas que le llevaron a la fama.

Con estrategias como esta, Netflix se garantiza un contenido premium, apostando también por los estrenos simultáneos en todo el mundo. El caso de Sandler es un hecho sintomático ya que el 26 de mayo se estrena War Machine, una sátira sobre el papel de Estados Unidos en la guerra de Afganistán protagonizado por Brad Pitt y por la que Netflix desembolsó 60 millones de dólares. Y hasta uno de los actores más taquilleros de la historia del cine, Will Smith, ignorará el sistema tradicional en Bright, un thriller futurista de ciencia-ficción. Cabe destacar que la compra de los derechos de esta película por Netflix ha supueso un récord en la industria. Nada más y nada menos que 90 millones de dólares.

La entrada de una plataforma como Netflix en el negocio cinematográfico supone una perturbación en el sector. No solo por su poder económico, sino porque está cambiando las reglas del juego. Mientras que las productoras tradicionales pujan por las películas sin tener claro su rentabilidad posterior, Netflix puede permitirse grandes inversiones a priori porque el riesgo es cero.

La ventaja de este nuevo modelo de negocio y explotación versa sobre la situación de los consumidores de la plataforma. Sus espectadores ya están en la sala, en su propio sofá o dónde quieran y ya han pagado su entrada con una suscripción mensual. Otra ventaja con Netflix es que los productores y el equipo artístico de cada película reciben la remuneración económica de forma anticipada, antes de rodar el primer plano, sin tener que rezar por un buen estreno en taquilla.

Por otra parte, al eliminarse el factor riesgo se acaba también con el factor sorpresa. Si el filme en cuestión se convierte en un taquillazo inesperado como El discurso del rey o Intocable, sus creadores no obtendrán ninguna rentabilidad extra. Los cineastas nunca sabrán lo que podrían haber o no ganado. Si 5 personas o 5 millones de personas ven la película la remuneración será la misma para ellos, ya que Netflix no aporta sus datos al público.

Esta estrategia de Netflix es uno de los mayores quebraderos de cabeza para la industria. Si Netflix no facilita los datos al público tiene una ventaja sobre el resto. No es justo dar un éxito por sentado creando marketing y marca sin luego corroborar si realmente ha sido un éxito o no.

El comportamiento de la audiencia ha cambiado y las películas de presupuesto medio son su mayor víctima. Solo las producciones multimillonarias, franquicias-evento como Star Wars, Marvel y DC, Pixar, o clásicos Disney, consiguen el respaldo mayoritario de la audiencia. El resto de películas son consideradas carne de streaming y el público decide esperar a que estén disponibles en la plataforma o en el caso de España con un alto porcentaje de piratería, que estén gratis en Pordede o webs del estilo.

Y como conclusión propia quiero decir que, bueno, se nos van las estrellitas de Hollywood a las plataformas de streaming: Así se aseguran un estreno mundial a un coste mucho más bajo que la distribución mundial tradicional pero, ¿hasta cuándo las plataformas OTT, los Netflix de turno van a penetrar en los países a sus anchas? Sin una regulación propia de productores y contenedores de contenido audiovisual. Muchos vaticinan un fin de la industria. Está claro que el contenido ha dejado de ser el rey, el paradigma está cambiando y el modo de ver lo audiovisual está cambiando pero esta guerra está empezando y queda mucho que vislumbrar.

Por ahora, en España ya se está trabajando en un marco jurídico nuevo con respecto a las empresas del entretenimiento OTT. Plataformas como Netflix o HBO se verán obligados a declarar y cumplimentar la ley del 5% en España. Y en Europa por otro lado, deberán declarar su situación fiscal.


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