No hace falta ser muy inteligente para saber que en las salas de cine españolas abundan los títulos de cine americano. Pero ¿no os habéis preguntado nunca por qué, con todo el cine europeo que se hace, nos llega una mínima parte?

En cifras, se producen en Estados Unidos unas 2.800 películas de las que llegan 2.400. En Europa, la producción asciende a unas 10.000 películas en total, de las que nos llegan la mitad. Y de esa mitad, el 20% que llega a España es francés, el 17 italiano y tanto de Alemania como de Inglaterra un 14% cada una. Podríamos pensar que es porque la industria estadounidense paga mucho más dinero por traer sus películas a España pero no nos engañemos, a los americanos no les importan mucho los cines españoles.

Como aquí en 16 Novenos intentamos darle visibilidad a ese cine europeo que no es accesible en todas las localidades de España.  Primero, vamos a explicar cómo funciona la ley en España.

La obligación está en proyectar dentro de un año natural al menos un 25% en películas europeas. Y por europeas entendemos aquellas que no son españolas.  Esta cifra que parece muy poco, supone el 71% de la programación anual de cada cine. Es decir, que cada cine, individualmente, está obligado a proyectar un 71% de su programación con películas europeas. Para el cumplimiento de esta cuota de pantalla, tienen valor doble las películas de versión original subtitulada, películas de animación y documentales.

Pero como en todo, hecha la ley, hecha la trampa. Este tipo de cine  se concentra en los núcleos de población en los que sale rentable. Porque no todo el mundo quiere ver películas de culto y en versión original, no nos engañemos.

A esto hay que sumarle la obligatoriedad del 51% de cine español. Con todo, ¿qué agobio para el exhibidor no? Al final, los grandes cines se reparten con base en estos porcentajes las apuestas seguras y que creen que serán rentables. Estos cines de versión original sólo apuestan por taquillazos europeos o películas que inviertan mucho en promoción. Al final, no importa tanto la opinión del espectador, irónicamente, porque tanto el cine como la gran empresa ya han hecho su negocio al proyectar la película y al fin y al cabo, nosotros, ya hemos pagado la entrada.

Pero tranquilos, hay luz al otro lado del túnel: El Video Bajo Demanda (VOD). Desde el año 2015 hasta el mes de Octubre de 2016, la suscripción en Video On Demand ha subido más de la mitad.

Es decir, estas plataformas mueven una media de 8 millones de euros al año, algo impensable hace una década. Pero la audiencia ha cambiado, las nuevas generaciones se están acostumbrando a pagar por consumir el contenido cuando quieren y a un precio mensual casi irrisorio. Los datos hablan: en el 2015 se empezó a contabilizar la audiencia en diferido por el aumento del número de suscripciones en este tipo de plataformas. A esto ayuda que cada vez se venden más televisiones inteligentes, las Smart TV.

Casi un 60% de consumidores de entre 18 a 35 años conectan la TV a la plataforma para ver contenidos audiovisuales. Osea, que no desesperéis, los optimistas podemos soñar con un futuro en el que podamos acceder a todo tipo de cine, eso sí, no nos va a dar la vida para verlo todo, ya os lo digo.

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