En nuestra sección de La Cata Del Cine, la elegida para esta semana es La batalla de los sexos, la que parecía una apuesta segura en la cartelera nefasta, se convierte en un clásico hollywoodiense. 

No me gusta el tenis, principalmente porque en mi infancia me interesaban otros deportes y este nunca me ha atraído, ni siquiera lo entiendo. Pero cuando me decidí a ver esta película pensaba que iba a encontrar algo más, y vaya que si lo encontré.

El filme comienza presentando a ambos personajes, el de Emma Stone, que interpreta a la tenista Billie Jean King, de 29 años, campeona de la liga femenina de tenis de EEUU y Steve Carrell, tenista retirado de 55 años antes campeón pero venido a menos, adicto al juego y al espectáculo.

Este punto de partida me gusta para comenzar a construir la trama, podemos ver una sucesión de acontecimientos en los que la propia desigualdad de género lleva a Billie Jean a tomar ciertas decisiones, como por ejemplo fundar junto a muchas de sus compañeras su propia liga femenina fuera de la federación, como protesta por la desigualdad en el dinero de los premios.

Pero, ¿qué pasa a medida que avanza la historia? Los personajes comienzan a desdibujarse y la esencia se pierde. Quiero pensar que la decisión de hacer un alto en el camino para centrarse en los problemas personales de los dos protagonistas es un intento empático de comprender su mundo interior y que el espectador acepte el circo mediático que se forma después.

Que Bobby Riggs tenía un problema con el juego y que Billie Jean era una lesbiana reprimida copa la mitad del metraje del filme. No digo que no sea importante, pero el espectador se pierde, y la lucha feminista se vuelve invisible. Además, lo de poner “Crimson and clover”, una canción posteriormente versionada por Joan Jett e icono lésbico, para representar a dos chicas que se lían entre ellas de fiesta es un cliché que está más que visto desde las Runnaways.

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Las interpretaciones dejan mucho que desear. Físicamente, Steve Carrell es igual que Bobby Riggs pero algo le falla, más intenso de lo que nos tiene acostumbrados en unas ocasiones y aburrido y lineal en otras. Emma Stone nunca defrauda pero por mucho que le pongas unas gafas de culo de botella y un peinado horrible siempre va a ser una mujer guapísima, mucho más que la auténtica Billie Jean. Otra cosa que no cuela es cómo juegan la final, yo no soy docta en este deporte, como he dicho antes, pero si he visto algún partido y este no me lo creo. Por eso he llegado a la conclusión de que el formato documental habría sido mucho más adecuado para una historia como esta, el problema es que la ficción vende entradas y Emma Stone está de moda.

Otro aspecto ya más enfocado a la historia real. No entiendo que tanto Margaret Court (la primera tenista que se enfrentó a Bobby Riggs y perdió) como Billie Jean aceptaran participar en un circo mediático como el que se formó. Participar en un partido contra un hombre que casi les doblaba la edad, retirado y dopado hasta el culo, un bufón de feria vamos. Entiendo parte, entiendo que esto le diese popularidad al tenis femenino y que consiguieran equiparar algunos premios a los de los hombres, pero ¿era necesaria toda esta parafernalia?

Si esto fuera un documental entenderíamos mejor cómo Billie Jean le metió el primer raquetazo al muro de la desigualdad no sólo por ese partido, sino por su trayectoria. Si esto fuera un documental sabríamos que después de tantos años la desigualdad desgraciadamente sigue existiendo.

En Wimbeldon no se equipararon los premios hasta 2007 y tenistas como el serbio Novak Djokovic, número uno del circuito masculino y ganador de tres Grand Slams declaró para la BBC que “los tenistas masculinos deberían ganar más dinero que sus contrapartes femeninas, ya que a fin de cuentas ellos son quienes atraen a más espectadores”.

Serena Williams, ganadora del circuito femenino y ganadora también de tres Grand Slams, se llevó en premios la mitad de dinero que Djokovic. ¿Y la audiencia? En 2014 el partido decisivo en la liga femenina triplicó la audiencia conseguida por el duelo masculino.

Está claro que a los guionistas de Slumdog Millionaire les habría venido al pelo elegir documental, pero otro problema además del que he dicho antes sobre que la ficción vende más entradas es la frivolización actual del feminismo por parte del sistema capitalista. ¿Por qué Inditex saca camisetas con eslóganes como “Everybody should be feminist” o “Girl power”? Porque el feminismo está de moda y se ha convertido en un objeto de consumo, una tragedia que espero sirva como precedente de algo más potente y si no, ojalá el tiempo no me dé la razón.

Para terminar lanzo una pregunta al aire y si hay algún experto en la sala  que tenga una explicación lógica por favor que se pronuncie: ¿Por qué la vestimenta masculina establecida es camiseta y pantalón y la femenina falda y pantalón o vestido?


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