Aprovechando que el 20 de noviembre tenemos un programa muy literario, hablamos de literatura española. He pensado que era una buena ocasión para volver a los comienzos de esta sección. Ya en mi primer programa bajo la cabecera de “Género Bizarro” mencioné la cantidad de adaptaciones que había recibido El Quijote: más de 60, muchas de ellas bajo la dirección de directores de renombre: Meliès, Sidney Lumet, Orson Welles, Terry Gilliam (que al pobre le está costando dios y ayuda)…

A muchos les sorprenderá e indignará la cantidad de remakes, reboots, secuelas, precuelas y adaptaciones del cine actual, con Disney a la cabeza planteando versiones con actores de todos sus clásicos animados (un día os hablaré de este proyecto loquísimo, porque trae cola). Pero lo cierto es que casi desde sus inicios el cine se nutrió de la literatura, y si algo tenemos en España es literatura con solera, como bien saben los rusos.

Repasar la influencia de la literatura española en el cine mundial sería imposible por inabarcable, por lo que hoy voy a fijarme solamente en las obras que lograron abrirse paso hasta las puertas doradas de Hollywood (aparte de El Quijote, claro, que fue la primera en adaptarse: primero por Gaumont en 1898 y cinco años después por Pathé bajo la dirección de Ferdinand Zecca y Lucien Nonguet).

Quitando la obra magna de la literatura española, la primera adaptación de un libro español la realizó una mujer, Elsie Jane Wilson, en 1918. Y creo que ni aunque lo intentarais acertaríais de qué obra se trata: Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós (a la sazón renombrada en la película como Beauty in chains). De hecho, Galdós ha sido la fuente de algunos de nuestros mayores éxitos cinematográficos, como El abuelo, de Garci, o Tristana, de Buñuel. Pero no he venido para hablaros de estos ni de las premiadas adaptaciones de novelas que hicieron Bigas Luna y José Luis Cuerda. A mí me interesa lo raruno.

Otro gran autor para el cine no tan patrio hollywoodiense sería Vicente Blasco Ibáñez. En 1916 su obra cumbre, Los cuatro jinetes del apocalipsis, fue adaptada por André Heuzé y Léonce Perret bajo el nombre Debout les morts!, y cinco años después se haría rico gracias a la versión de Rex Ingram, quien también adaptaría Mare Nostrum en 1926. Sangre y arena también alcanzaría el ruedo yanqui en 1922 con Fred Niblo y en 1941 con Rouben Mamoulian.

Pedro Antonio de Alarcón sería otro de los grandes nombres de la lista. En concreto, una obrita de 1874 llamada El sombrero de tres picos, que sería adaptada 60 años después por Harry d’Abbadie d’Arrast y guion de Edgar Neville con el nombre original de It Happened in Spain y, en español, La traviesa molinera. Recordad que estamos hablando de 1934; entonces no era tan evidente que una obra extranjera llegara a nuestro país salvo que se tratara de un verdadero blockbuster. El motivo de este doble título es que el director tuvo la osadía de rodar el film simultáneamente en tres lenguas: inglés, francés y español. Sin ninguna duda, el francés quiso imitar el hito alcanzado un año antes por el alemán Georg Wilhelm Pabst, que no tiene nada que ver con el grito de Wilhelm, sino que había rodado tres versiones de El Quijote a la vez: en su alemán natal, en francés y en inglés.

Y no quisiera pasar sin una reflexión: ¿por qué hay tantas películas de los años 30 con la palabra gay en el título? La adaptación de La casa de la Troya, de Alejandro Pérez Lugín, se llamaría en inglés In gay Madrid, y el mismo año ese mismo director estrenaría Let us be gay, traducida como Seamos alegres (creo que el señor trataba de mandarnos algún mensaje). Pero es que en 1934 se estrenarían La novia alegre y La alegre divorciada, dos adaptaciones sin ninguna relación llamadas originalmente The gay bride y The gay divorcee, y un año después podían verse en los cines españoles The gay decepcion (La alegre mentira) y The gay desperado (El alegre bandolero), de nuestro amigo Mamoulian, y así hasta prácticamente los años 60.

Sería precisamente en el 61 cuando se estrenaría una de las mayores adaptaciones hollywoodienses de una obra hispana: El Cid de Anthony Mann, con Charlton Heston y Sofia Loren. Y de verdad que el salseo no podría ser mayor con esta película. 40.000 dólares del presupuesto fueron a parar a joyas italianas y españolas y 150.000 a candelabros, tapices y arte medieval para el atrezo, parte de lo cual fue financiado por el régimen franquista, que veía en la épica un relato glorioso de la nación.

En la película, una de las favoritas de Scorsese, estuvieron a punto de actuar Orson Welles y Sean Connery, pero lo más remarcable es el enfrentamiento entre sus dos actores principales. Sophia Loren tenía su propio peluquero y recibió un millón de dólares por diez semanas de rodaje, la primera vez que una mujer recibía semejante suma por una sola película. Heston, que había tenido que renunciar por el rodaje a la candidatura republicana en la presidencia de Kennedy, tuvo numerosos roces con la actriz, que cobraba más que él y además no envejecía en el film. Anthony Mann tenía que suplicarle en cada escena que mirase a los ojos a la que se suponía que era su esposa. Por su parte, Sophia Loren se querelló con el productor porque su nombre aparecía debajo del de Heston en las vallas publicitarias. Ríete tú de Bette Davis y Joan Crawford.

Uno de los autores llevados recientemente con éxito a la gran pantalla estadounidense es Arturo Pérez-Reverte, primero en 1994 por Jim McBride con la película Uncovered, adaptación de La tabla de Flandes, y a finales de siglo con La novena puerta, adaptación de El club Dumas con Roman Polanski a la dirección, Johnny Depp como protagonista y nadie al volante de una historia que, en mi opinión, se estrella como la credibilidad actual de sus perpetradores.


Para escuchar el programa en directo, puedes hacerlo todos los Lunes de 18 a 19h a través de Tunein o si estás en Madrid sintonizando la frecuencia 107.5 FM.