El cine nos ha dado momentos increíbles. Nos ha permitido viajar al pasado. Ver qué nos deparará el futuro. Conocer otras culturas. Visitar otros planetas. Pues bien, esta Odisea en el Estudio  no trata sobre nada de esto. En honor a la Cutre Con, he decidido hacer una pequeña recopilación de grandes desastres de efectos especiales cinematográficos. A mi parecer, tras hacer un estudio exhaustivo y consultar mis fuentes privilegiadas (es decir, las maravillosas listas de Screen Rant), creo que el ránking lo comenzaría con…

Jeff Bridges. Su papel en Tron: Legacy, donde interpretaba al mismo personaje que en la original de los años 80, fue uno de los primeros intentos de tratar de quitarle un par de décadas de edad a un actor… un intento desastroso que hizo Bridges luciese tan falso y tan plastificado que acabó pareciendo un replicante. Yo perdonaría a Joseph Kosinski, el director, sólo porque al fin y al cabo se atrevió a ser uno de los pioneros a la hora de utilizar este truco tecnológico.
La mejora de este rejuvenecimiento online nos ha traído maravillosas escenas posteriormente, incluyendo cierta aparición en Blade Runner 2049… o Guardianes de la Galaxia 2, donde el mismo Jeff Bridges interpreta a un muy creíble chico malo estadounidense de los años 70’. Ya hemos hablado aquí sobre el dilema moral que éste efecto especial presenta: ¿Hasta qué punto le pertenece su imagen a un actor? ¿Dónde queda la frontera para que las productoras puedan rejuvenecer o incluso resucitar a un intérprete?

Jar Jar Binks. Este simpático extraterrestre acabó convertido en una diana para todos aquellos que odiaron visceralmente las precuelas de Star Wars. Con la capacidad oratoria de E.T. tras haberse tomado un par de cervezas y el aspecto de un Bob Marley especialmente idiota, Jar Jar Binks siempre ha sido el ejemplo más claro de cómo no crear un personaje por ordenador. La antítesis de Gollum.
Su esperpéntica concepción era incluso llamativa en las precuelas, una trilogía que no destaca precisamente por tener unos efectos especiales maravillosos: sólo hay que recordar las batallas de sable láser en las que los contendientes daban dos o tres volteretas en el aire -todo muy plausible-, la creación de extraterrestres sin ninguna capacidad expresiva o el uso y abuso de grandes y falsas hordas de robots.
Spy Kids. Otro de los clásicos de nuestra infancia. Os recuerdo que trata sobre unos hermanos, hijos de espías (Antonio Banderas y Carla Gugino), que tienen que rescatar a sus padres de las garras del temible Fegan Floop (Alan Cummin), figura principal de un programa de televisión infantil que yo describiría como la versión Upside Down de los Lunnis.
Como no podía ser de otra manera con esta bizarra premisa, el metraje es una lista permanente de malos efectos especiales: los gadgets típicos de espías sacados de los James Bond de los años 80, los guardias de seguridad / dedos del villano… entre todas estas ocurrencias, yo me quedo, personalmente, con una escena en la que el señor Floop está tratando de adoctrinar a sus jóvenes víctimas con un videoclip con tantos colorines y tantos efectos del Microsoft Paint que sólo podía provenir de una película de comienzos de la década pasada.


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