Steven Spielberg estrena Ready player one, la distopía de la nostalgia. Está basada en la novela homónima de Ernest Cline, coguionista de la película.

Dos horas y media que condensan trama principal, con todas sus tramas secundarias, vida interior de los personajes, escenografía y un final de ochenta páginas nada previsible y que te deje con la boca abierta, lo veo muy complicado.

Si bien te mantiene con una atención pasmosa en el cine, cosa que en las salas comerciales y en los tiempos que corren es casi imposible no ver a alguien iluminar la sala con el teléfono móvil en mitad de la película, creo que esa atención es fruto del juego más simple del mundo. Un intento de viaje del héroe a la moderna que se queda en tradicionalismo rancio. Me explico, para alguien que no haya estudiado guion nunca. El viaje del héroe es como la gallina de los huevos de oro del cine. Os lo cuento de forma ultra resumida: En toda historia épica y no tan épica existe un héroe, un antihéroe, un sabio y una princesa en apuros que suele ser el motivo por el que el héroe decide enfrentarse a un sinfín de obstáculos y batirse en un duelo final con el antihéroe. Ahora repasemos la trama de Ready player one con esta regla.

Wade Owen es un adolescente introvertido que vive en un barrio marginal cuya pasión es ponerse las gafas de realidad virtual y acceder a un mundo llamado “Oasis” en el que es el rey. Un día, en una carrera a vida o muerte dentro de ese mundo ficticio por su supuesto, conoce a una chica, un avatar, y se enamora de ella sin saber siquiera quién se esconde detrás. Menos mal que es Spielberg y de ahí sale una chica mona en vez de un frikazo de quinientos kilos que tiene cuarenta años, se llama Frank y vive en el sótano de la casa de sus padres.

Total, que tenemos a la fémina en juego. De primeras les une una motivación, ganar una competición por la que se pueden hacer millonarios en el mundo real y conseguir el control de todo este universo digital. Pero Wade Owen lo que hace es seguir a Samantha (la chica en cuestión) como un idiota. Entonces podríamos pensar, “oye qué bien que reinvención del viaje del héroe (entre comillas y con mucha ironía). Resulta que la heroína es ella”. Pues no, señores y señoras, no. Siento destriparos la película pero el que se bate en un duelo final con el antihéroe es el pagafantas de Wade Owen, el que acaba rescatando a la chica, bueno que ni la rescata, ella misma se zafa de los malos y cuando están a punto de llegar al combate final, Wade Owen decide cargársela para mantenerla a salvo en el mundo real.

Total que tenemos otra vez al héroe masculino que devuelve la paz al mundo y le roba un beso a su amada no sin antes hacer un comentario ingenioso que no tiene gracia alguna. Y diréis, oye Alba que te has dejado al sabio. Molaría que en una película con referencias de los ochenta fuera Yoda pero no, es el creador del mundo virtual en el que se desenvuelve la historia. Que está de manera omnisciente durante todo el relato dando pistas y claves para terminar su papel recitando un razonamiento para niños de quinto de primaria del tipo “vuelve al niño que siempre fuiste” que le abrirá a nuestro protagonista una mentalidad antes desconocida para él.

Entonces después de haber gastado la mitad del tiempo que tenía para esta crítica en destriparos la trama voy a pasar a lo mejor y a la razón por la que me gustó tanto. No es coña, la película me ha encantado a pesar de su trama. Por qué ha ocurrido esto.

Como he dicho nada más empezar,  Ready player one es una distopía de la nostalgia. Que es distopía está claro, un mundo futurista que se cae a pedazos, de estética Steampunk oxidada, cuyos habitantes encuentran la diversión escapando de él para adentrarse en otro mundo que realmente no existe, todo ello gracias a la realidad virtual. Pues bien, ahora que he definido por qué es distopía os cuento por qué es nostalgia. Lo más guay que ha podido hacer Spielberg aquí es introducir a machete, referencias de los ochenta y de la cultura pop por todos lados.

Pongamos algunos ejemplos. Hay referencias muy obvias, como la aparición de personajes o coches muy míticos de los ochenta, o la recreación de El resplandor como si fuera un juego de realidad virtual, eso a nivel técnico lo vas a considerar una obra de arte si eres fan de Kubrick y no de Stephen King. También es muy “in your face” la referencia a los juegos tipo arcade que se popularizaron en los ochenta, o referencias a cómics y personajes de televisión. Para los fans de los Monthy Python hay algo escondido que os va a hacer mucha gracia sin sois frikis de Los caballeros de la mesa cuadrada.

Tampoco quiero destriparos todas las alusiones que hay porque a mí lo que más me gustó fue ir descubriéndolas por mí misma y dejar mal a mi acompañante si no las conocía. Además, las tenéis todas en páginas de blogueros frikis copando Internet.

Como he dejado caer antes me parece impecable el trabajo técnico de esta película, ya no sólo a nivel de montaje que es espectacular, esas transiciones de un mundo a otro, si no por los efectos especiales. Conseguir recrear secuencias, personajes, movimientos, escenografía, de otras películas y videojuegos de forma puramente digital. A nivel físico el arte también merece una mención especial, ya que aunque ame la estética Steampunk más tradicional, creo que aquí han sabido adaptarla perfectamente al futurismo decadente del siglo XXI.

En cuanto a fotografía me aventuro a decir que ole por Spielberg al haber conseguido compaginar dos formatos que se necesitan para sobrevivir. Rodando las secuencias de la vida real en cinta de 35 mm y las de la vida virtual en digital. Eso me pareció a mí al ver el grano que considero incluso forzado en las secuencias rodadas en analógico.

Eso sí, qué desperdicio de medios y de historia para la pésima actuación de los personajes principales. No sé si es porque son adolescentes y por ello tienen que ser inexpresivos y carentes de sensibilidad, o que Spielberg ya lo estaba dando todo con Tom Hanks y Meryl Streep de The post, pero menos mal que tenemos a Simon Pegg y a Mark Rylance para sostener la credibilidad. Para los que habéis visto ya la película tengo una reflexión para vosotros. El antihéroe tiene un siervo al que le encarga todas las fechorías, pero en la película sólo conseguimos ver su avatar, no la persona que hay detrás, cuando de todos los personajes importantes se acaba desvelando.

Para concluir diré que si tuviera que poner nota a la película diría que sería alta porque me nacería del corazón, no de la cabeza. Y que hay algo que Spielberg hará siempre bien y es conseguir que una misma película me pueda gustar a mí, les guste a mis padres y le guste a mi vecino de cinco años. Y a vosotras chicas, os lanzo una pregunta para despedirme. Si tuvierais que diseñar un avatar y para ello tuvierais infinitas posibilidades, ¿qué seríais?